Capítulo V · Obras

Escritos del cura de veintisiete años

La obra dramática juvenil contra la emigración, la carta testamento de la víspera del martirio, las oraciones personales y los libros parroquiales.

1920 · Seminario de Guadalajara

¡Vámonos al Norte!

Obra de teatro en un acto, escrita por el seminarista Toribio Romo González alrededor de 1920, cuando tenía veinte años y preparaba las últimas etapas de su formación sacerdotal. No se conserva en un archivo público de acceso general; el texto se conoce por la referencia en la biografía del padre Román y, más recientemente, por el ensayo de David Romo en Texas Monthly (2010), donde el autor la describe tras haberla revisado en archivos familiares.

Género y contexto

Pertenece al género de las pastorelas moralizantes mexicanas, comedias breves escritas por sacerdotes y seminaristas para representación en las fiestas patronales de los pueblos. El fin es catequético y a la vez comunitario: reír con el pueblo mientras se le instruye. El tono es popular, directo, con guiños al habla de la ranchería alteña.

Argumento

Don Rogaciano, migrante mexicano retornado de Estados Unidos, llega a su aldea natal convertido en un caballero americanizado: habla inglés mal, desprecia las costumbres del campo, usa ropa de ciudad, se burla del cura local. Sancho, un campesino sagaz que nunca dejó el pueblo, lo enfrenta con el sentido común y una serie de bromas que desarman la pose de superioridad. Al final, Rogaciano reconoce que los valores de su tierra — la familia, la fe, el trabajo honesto — son los que realmente cuentan, y que lo que trajo de regreso del Norte no compensa lo que perdió al irse.

Lectura

Es una obra modesta en ambición literaria. No tiene pretensiones de drama. Lo que la vuelve interesante, a cien años de distancia, es que su autor — un cura que predicó contra la emigración desde el púlpito — se convertiría en el patrono celeste de los mismos migrantes que trató de retener. La ironía no la hace menos importante; la hace más humana. Toribio habló desde la posición ideológica de su iglesia en su tiempo. Lo que vino después — el reconocimiento como protector de los desplazados — pertenece al siguiente capítulo de su vida, el que no alcanzó a escribir.

Un investigador serio de la obra sigue pendiente. Hasta donde se sabe, el manuscrito original está en manos de descendientes de la familia Romo. David Romo y algunos académicos tapatíos han solicitado acceso para una edición crítica; el proyecto está todavía abierto.

22 de febrero de 1928 · Miércoles de Ceniza

La carta testamento

Tres días antes de su martirio, el padre Toribio pidió a su hermano Román que le tomara confesión y le diera una larga bendición. Antes de despedirse, le entregó una carta sellada, con instrucciones de no abrirla sin orden expresa. Ya en la huida, tras enterarse de la muerte de su hermano, Román la abrió en Guadalajara. El texto se conserva por la transcripción que él hizo y que integra todas las biografías posteriores:

«Padre Román, te encargo mucho a nuestros ancianitos padres, haz cuanto puedas por evitarles sufrimientos. También te encargo a nuestra hermana María que ha sido para nosotros una verdadera madre… a todos, a todos te los encargo. Aplica dos misas que debo por las Almas del Purgatorio, y pagas tres pesos cincuenta centavos que le quedé debiendo al señor cura de Yahualica…» — Padre Toribio Romo, carta testamento, 22 feb 1928

Lectura

Es un texto breve, concreto, sin solemnidad teológica. Lo que dice es lo que un hijo diría a otro hijo: cuiden a los viejos, cuiden a la hermana, paguen lo que debo. La ausencia de grandilocuencia es precisamente lo que impresiona. El padre Toribio sabía que iba a morir. No escribió una declaración sobre el significado del martirio. Escribió una lista de pendientes domésticos y deudas menores. Un santo no es siempre un héroe épico. A veces es alguien que no quiere morir debiendo tres pesos cincuenta centavos al cura de otro pueblo.

Ca. 1922 · Santa Ana de Guadalupe

La oración diaria

En el día de su ordenación sacerdotal, el 23 de diciembre de 1922, y más aún en la celebración de su primera misa solemne en Santa Ana, el padre Toribio formuló una oración que repetiría diariamente hasta el día de su muerte. La oración se transmite en casi todas las biografías y forma parte de la liturgia privada asociada a su devoción. El texto exacto puede variar en detalles de transmisión; la forma canónica más difundida es:

Oración eucarística del padre Toribio

«Señor, no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión.»

Cumplida. Entre 1922 y febrero de 1928 — seis años y dos meses — no hay constancia de que el padre Toribio pasara un solo día sin celebrar la eucaristía. Ni siquiera durante los meses de huida itinerante por los ranchos de Los Altos la interrumpió. Celebraba en cocinas, en establos, bajo árboles, en la destilería abandonada de Agua Caliente. El último día que alcanzó a celebrar fue el viernes 24 de febrero de 1928. La madrugada siguiente la descarga impidió lo que habría sido una de las pocas excepciones a la oración.

Septiembre 1927 · Tequila

Tequila, tú me brindas una tumba

Palabras pronunciadas en el momento de llegar a Tequila, Jalisco, como nuevo párroco en septiembre de 1927, según el testimonio de su hermana María. No son un escrito en sentido estricto, sino una frase recordada y repetida, pero su forma rítmica — dos hemistiquios paralelos — sugiere que Toribio la pensó con la conciencia de quien sabe que está diciendo algo memorable:

Tequila, tú me brindas una tumba,
yo te doy mi corazón. — Padre Toribio Romo, septiembre de 1927

Son posiblemente las palabras más citadas del santo. Dicen dos cosas que conviene separar. La primera: Toribio sabía que iba a morir en Tequila. No era un presentimiento vago; era un conocimiento fundado en los hechos — la presencia de guarnición federal, la orden de fusilamiento vigente, la persecución sistemática a los sacerdotes clandestinos en esa zona. La segunda: su respuesta a ese conocimiento no fue evitar el destino, sino asumirlo con un lenguaje de donación. Tequila iba a ser la tumba; él iba a ser el corazón. El intercambio, en su forma, es eucarístico: pan y vino, cuerpo y sangre, tumba y corazón.

1927 – 1928

Los libros parroquiales de Tequila

Las últimas horas de la vida del padre Toribio las dedicó, metódicamente, a ordenar los libros parroquiales de Tequila: registros de bautizos, matrimonios, defunciones y confirmaciones que había alcanzado a administrar durante sus meses en la clandestinidad. Trabajó todo el viernes 24 de febrero y toda la noche de ese mismo día, hasta las cinco de la madrugada del sábado 25. Cuando los soldados entraron en el cuarto, los libros quedaron sobre la mesa, en orden, y fueron saqueados junto con los demás objetos de la casa. No se conservan íntegramente.

Fragmentos de estos libros — anotaciones de bautizos administrados clandestinamente en la barranca de Agua Caliente, notas de matrimonios celebrados en graneros — han sido recuperados en distintos momentos, a través de los feligreses que los conservaron. Están dispersos en archivos diocesanos y familiares de Jalisco. Una edición consolidada sería un proyecto archivístico importante. Por ahora, no existe.

Fuentes citadas

  • Romo (2010) — David Romo, «My Tío, the Saint». Texas Monthly, noviembre 2010. Única referencia publicada a ¡Vámonos al Norte! con descripción del argumento.
  • Romo R. (1948) — Román Romo González, Biografía de mi hermano. Manuscrito. Transcripción de la carta testamento.
  • Orozco (s.f.) — Luis Alfonso Orozco, «Toribio Romo González, Santo». Catholic.net. Transmite la oración eucarística y la frase sobre Tequila.
  • Mater Fátima — Ficha biográfica que reconstruye el trabajo de Toribio en los libros parroquiales.
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